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Vinagre y Rosas de Joaquín Sabina

21 octubre 2009

 

una de vinagre, otra de rosas

una de vinagre, otra de rosas

Joaquín Sabina, o le adoras o le odias, incluso puedes pasar de amarle a odiarle en cuestión de segundos, y viceversa, de qué dependerá… puede preguntárselo a él o responderse usted mismo, y francamente, le recomendamos que usted mismo se responda, porque la respuesta es evidente y a él le jodería tener que explicárselo, por lo que podrían ambos, sobre todo usted, pasar un mal rato. Nosotros estamos con él, le entendemos (o eso creemos), lo apreciamos, es más, le queremos, y a pesar de ello en ocasiones pensamos,  joder D. Joaquín, no me joda. Eso es lo que hay, Vinagre y Rosas.

No sabemos que ha llevado a Sabina a lanzar su primer single, Tiramisú de Limón,  con un tema en el que Pereza se ha ocupado de la musicalización del texto del maestro, quizá algún motivo razonable sea la causa, como que estos pájaros de Pereza le caen bien, aunque no hayan nacido en Portugal, son amigos y le ha salido de las pelotas, en cuyo caso diremos que cojonudo. El caso es que si el motivo es otro, que francamente lo dudamos ante la poca necesidad que Sabina pueda tener de ampliar su espectro de seguidores, diríamos eso de D. Joaquín, no me joda… qué necesidad tiene usted  a estas alturas de salirnos con una de estas, a qué viene lanzar esta colaboración como primer single, a qué viene una colaboración que da como resultado una armonía y una melodía sobre  una base rítmica totalmente “sabiniana”, es qué son los riffs de las guitarras de pereza tan originales o de tanta calidad que aportan a la canción un matiz insustituible… lo dicho, imaginamos que a D. Joaquín Sabina simplemente le salió de las pelotas, y si no es así, así lo pensaremos, lo defenderemos igual que un fiel de Camps repetirá su voto en futuras urnas. Que viva el Maestro Sabina. Y ojo, a Pereza les salvaríamos de la quema, que una cosa no tiene que ver con la otra.

Nadie puede negar la calidad y emotividad de los textos de Sabina, el artista puede gustarte o no, pero negar su calidad es una imprudencia. Musicalmente, lejos de repetirse como afirman muchos detractores que murmuran en la sombra, por algún motivo no se atreven a afirmarlo públicamente, el artista ha paseado y pasea por muchos estilos y palos, y lo hace muy, muy bien, además de poseer un innegable estilo propio, todo un lujo solo al alcance de mentes especiales y corazones poco dados a las concesiones comerciales. No hemos escuchado el disco completo, pero podemos apostar por una cosa, en este mundo del top ten y de los archi recontra politontos, aún quedan rosas, relucen, algunas ocultas entre el vinagre que las hace florecer cuando alguien las descubre, aunque D. Joaquín ya está más que descubierto. No sé que les sucederá a ustedes, pero estamos seguros que si zapeando por las torturadoras radio fórmulas nos encontramos con su Vinagre y Rosas, nuestro oído, como mínimo sentirá un puro alivio, y nuestro corazoncito y mente semi-desahuciados recuperarán un poquito las ganas de creer que aún podemos salvarnos.